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 Tabla

¿Cómo y por qué organizar un concierto de música cristiana?

Lamentablemente, cuando alguien habla de música cristiana, sólo se piensa en música para celebraciones litúrgicas. Y si bien ese es un espacio importantísimo, que no hay que descuidar, es fundamental que comprendamos que los cristianos también tenemos que estar presentes en otros ámbitos, con otro tipo de lenguaje. Estoy hablando no sólo de catequesis o encuentros, sino también de conciertos, grabaciones, radio... La nueva evangelización debe buscar nuevas metodologías para llegar a los hombres de hoy. En nuestro país ya hay muchos músicos cristianos que quieren poner su don al servicio de la Iglesia. Por eso, creo que este pequeño subsidio, que aunque sencillo requirió de varios años de experiencia, puede ser útil a muchos agentes de pastoral.

 

1) Objetivos (¿para qué?)

Principalmente, como una de las tantas formas de dar testimonio al mundo, buscando nuevas maneras de «llegar» a la gente. La música es una excelente excusa, aún para los que están alejados de la iglesia. Es conocidísimo el método que utilizaba San Francisco Solano, tocando su violín en la plaza, congregando a la gente para predicar la Buena Nueva.

Por eso, uno de los motivos para organizar un concierto será considerarlo como un acto misionero de la comunidad, con objetivos evangelizadores.

Pero también es una buena actividad para juntar fondos. En nuestras comunidades, siempre hace falta «hacer algo» para poder pagar el retiro u organizar la misión... o poder realizar esa obra de caridad. Además de la rifa, la feria de platos y el mangazo a secas, esta es una manera de ofrecerle a la gente algo con mensaje.

 

2) Ocasión

En muchos colegios católicos, se suelen organizar conciertos como una actividad del departamento de catequesis, o para algún tipo de festejo (día del estudiante, santo fundador, etc.).

También en encuentros diocesanos, peregrinaciones o jornadas de algún movimiento, muchas veces se incluye, cada vez más, un momento de recital, ya que, en actos masivos, es una herramienta útil para conectarse con los asistentes.

Fiestas patronales, preparación para la misión, parte de una «semana de...», o algún festival periódico...

 

3) Lugar

¡Cuántos teatros y salones de actos hay en nuestros colegios católicos!

Alguien dijo, alguna vez, que se podría organizar un gran «circuito» de evangelización, con obras de teatro, música, etc... si nos organizáramos un poco... Un gimnasio o un patio cubierto también pueden servir para un concierto, como así también un pequeño salón parroquial. Y, por supuesto, según la época del año, hay gente que organiza eventos de evangelización en lugares públicos, al aire libre, en plazas.

Un consejo importante: un lugar chico es más sencillo de llenar que uno enorme. Da más «clima» un lugar chico lleno (aunque la gente esté un poco apretada) que un enorme salón... con la mitad de las sillas vacías. Además, los requerimientos (y los gastos) de sonido e iluminación son más sencillos. Algunos piensan que por haber conseguido un lugar enorme van a convocar a mucha gente... y, lamentablemente, la mayoría de las veces ocurre lo contrario. Un lugar grande no es garantía de mucho público. La cantidad de asistentes al concierto no depende de lo grande que sea el lugar, sino de cómo organizamos la difusión y las invitaciones.

También puede organizarse un concierto en el templo parroquial. Sobre este tema en particular, la regla general es que el tipo de música esté de acuerdo con la dignidad del lugar. Cada párroco sabrá cómo se maneja su diócesis en este tema. En algunos conciertos se estila retirar el Santísimo, pero, si se hace música para la oración, no es raro que el mismo permanezca durante la actuación.

 

4) Requerimientos técnicos

Primero, un escenario, o, en su defecto, una tarima que, por lo menos, tenga espacio suficiente como para que entre el grupo que va a actuar. Tiene la importante misión de que todo el mundo pueda ver a quienes le están ofreciendo el espectáculo. Si no hay escenario o tarima, es probable que se puedan acomodar los asientos en semicírculo, de forma tal que todo el mundo esté cerca y nadie tenga problemas para ver. Importante, hacer llegar al escenario un alargador con corriente eléctrica y varios enchufes, necesarios para los equipos e instrumentos. Por último, tener a mano sillas y mesas pequeñas, que los músicos siempre necesitan para apoyar teclados, bafles, etc.

Otro factor que ayuda son las luces. Por lo general, es conveniente que el público esté casi en la oscuridad, y que el escenario esté bien iluminado. Es otra manera de «llamar la atención» y favorecer la concentración. La mayoría de los grupos cristianos que conocemos no requieren luces con efectos especiales, ni rayos láser con máquinas de humo, que no están mal, si los usamos como una ayuda para que llegue mejor el mensaje. Pero lo que queremos recalcar es que no es indispensable un sofisticado equipo especial de luces. Lo que sí precisamos es la presencia especial de Aquél que es la Luz del mundo.

Sonido: no es fácil decir cuánta potencia de sonido necesita un salón o teatro, sin conocerlo. Lo mejor será que busquemos a alguno de la comunidad que entienda un poco y se ocupe del tema. Un cálculo mínimo es 1 watt de potencia por cada persona, en lugares cerrados, aunque esto depende también del tipo de música. La consola deberá tener la cantidad de «entradas» que el grupo musical requiera para conectar todos los instrumentos. También son fundamentales los «monitores», esos parlantes que, en el escenario, facilitan que el músico se pueda escuchar a sí mismo para no desafinar.

Si bien hay que tener siempre en cuenta que el sonido debe ser lo más profesional que se consiga (porque si no se escucha bien, ¿cómo transmitimos el mensaje?), cuidado con esos sonidistas que nos «venden» el super sonido para «Obras»... que en un concierto en el salón parroquial será excesivo y, además, carísimo. Consulten con los que actúan sobre ese tema. En muchos casos, los músicos pueden llevar sus equipos propios.
Infraestructura. Habrá que tener en cuenta, también, rubros como recepción de la gente, limpieza, un saloncito donde los músicos puedan guardar sus cosas o hacer un poco de oración mientras empieza el recital, lugar para venta de gaseosas, y un stand donde se puedan ofrecer las grabaciones de música cristiana... Siempre es preferible que haya sillas, ya que la gente se puede «meter» más en el concierto si está más cómoda.

 

5) Costos

Por lo general, los gastos a enfrentar son:

-Publicidad, si es que se usó material impreso.

-Sonido.

-Alquiler del lugar (en realidad, la mayor cantidad de las veces se consigue prestado, pero siempre es bueno dejar algo para luz, etc.).

-Músicos: Por supuesto, pensar en los viáticos, fletes y otros gastos, pero además hay que pagarle algo a quienes vienen a cantar. Es raro que un grupo cristiano hable de «arancel». La costumbre es llamarlo «ofrenda» (ya que lo más probable será que inviertan lo que les dan en instrumentos, grabaciones, etc.). Y es una manera concreta de apoyar a este ministerio para que siga adelante. Este tema se aclara antes del concierto, y no creo que ningún grupo cristiano suspenda un recital por cuestiones económicas. Siempre se puede encontrar una salida. Que puede ser, por ejemplo, alquilar el equipo de sonido del conjunto, o hacerles una compra anticipada de casetes... De todas maneras, la remuneración verdadera la dan en el cielo, y en muchísimos conciertos es la única que se puede prometer, sin que por eso nos vayamos a quedar sin artista, especialmente cuando lo recaudado es para un fin solidario.

¿Cómo afrontar estos gastos?

Si hablamos de un concierto en un colegio, para el alumnado, generalmente hay dos posibilidades. Que el colegio se haga cargo, ya que muchas instituciones destinan algunos recursos para este tipo de eventos, o también que se cobre a los alumnos (un peso a cada uno, por ejemplo). Así, sin mucho esfuerzo, se puede realizar el concierto. De esta manera, además, puede haber algún excedente que se destine a cubrir baches en retiros, comprar una guitarra para la catequesis, o alguna otra necesidad.

Si el concierto es organizado por una comunidad parroquial o por un grupo juvenil, generalmente cobrando una pequeña entrada se cubre todo. Pero algo ingenioso es hacer un programa (una hoja con la programación del recital y con publicidades y adhesiones de comerciantes y vecinos). Este programa tiene por objeto saldar los costos antes del concierto y poder hacerlo gratuito, si se quiere, o destinar las ganancias a un fin solidario, a financiar un campamento, etc.

 

6) Programa

¿Cómo armar el espectáculo? ¿A quiénes invitar? Para seleccionar al grupo o grupos que van a venir, hay que tener en cuenta qué tipo de gente vamos a convocar (jóvenes o adultos, creyentes o gente «de afuera»...), y así pensar quiénes y qué tipo de música se adaptará más a nuestro público. Y pensar si se transmite adecuada y eficazmente el evangelio, dado que lo que buscamos no es solo meter un poco de ruido.

CONSEJO: no invitar infinidad de grupos. Con veinte conjuntos, el recital durará unas 7 horas, un tiempo que la mayoría de la gente no puede soportar. La recomendación es uno, o a lo sumo dos, pero no más, para que cada grupo pueda hacer lo suyo cómodamente y sin la presión de tener solo cinco minutos, en los cuales, en el mejor de los casos, apenas de podrá probar un poco el sonido. Además, los cambios entre grupo y grupo hacen que se pierda demasiado tiempo, y la gente se empezará a aburrir indefectiblemente. Si insisto sobre este tema, es porque la experiencia ha demostrado que es uno de los aspectos en el que más errores se cometen.

 

7) Promoción

¿Cómo se promociona un concierto? Aquí hay algunas sugerencias.

Afiches: es recomendable hacerlos, aunque sean pequeños, para pegar en parroquias y colegios vecinos y en comercios, de modo que el barrio sepa que los cristianos nos estamos moviendo. Es imprescindible descubrir en la comunidad algún diseñador gráfico, para que el original que luego vamos a fotoduplicar tenga buen gusto y claridad. Un afiche bien hecho hace pensar que el concierto va a estar bien hecho... ¡y viceversa! Se calcula que de diez a quince días antes del concierto es una buena fecha como para pegarlos. Antes, es mucho tiempo, y el afiche se transforma en parte del paisaje... Después... no le damos tiempo a la gente para enterarse y planear la salida. De cualquier modo, no confíen solo en los afiches para las invitaciones. Aunque son necesarios, se calcula que sólo un 10% de los que van a un concierto lo hacen por ellos.

Volantes «en mano»: Son más efectivos que los afiches, ya que un porcentaje mayor de gente acude a conciertos por haberlos recibido. Más pequeños, se entregan a la salida de misa o a los amigos... con 7 o 10 días de anticipación. Es una invitación más personal.

Comprometer a la comunidad. Está comprobado que el mayor porcentaje de gente que asiste a los conciertos cristianos lo hace porque alguien lo invitó. Esto supone, obviamente, una comunidad con mentalidad misionera que se compromete con el evento, proponiéndose todos los miembros traer dos o tres amigos. El «de boca en boca» sigue siendo el método más eficaz en lo que se refiere a conciertos de evangelización, ya que es raro que alguien con una fe débil se acerque sin que un amigo o conocido lo traiga. Mucha gente sobrestima la eficacia de los afiches y no tiene en cuenta este aspecto de la invitación personal, pero la experiencia demuestra que es fundamental que la comunidad tenga un espíritu misionero para que el concierto tenga muchos asistentes.
Prensa eclesial o secular, radios locales y TV son una buena excusa para dar testimonio en los medios e invitar gente. Pero, de todas maneras, nada reemplaza lo que vimos en el punto anterior.

 

8) Oración por el concierto

Un aspecto importante de la preparación del concierto es pedirle al «manager» del cielo que se haga cargo de todo, intercediendo por los detalles y especialmente orando por la gente que va a recibir el mensaje.

 

9) Post-concierto

Un concierto es sólo una herramienta que una comunidad utiliza en sus planes pastorales. Luego del mismo, es importante sentarse a pensar y evaluar. ¿Cómo llegamos a la comunidad parroquial? ¿Qué porcentaje de gente «de afuera» logramos traer? ¿Hubo frutos de conversión o de animación de la fe de la gente?

A partir de allí, habrá que ver cómo se sigue trabajando para que esta actividad evangelizadora no quede como un hecho aislado.

Es cierto que, en estos últimos años, hay cada vez más grupos y solistas de música cristiana. Lo que hay que pedirle a Dios es que nuestra Iglesia tenga lugar para todos ellos, y que los agentes de pastoral se animen cada vez más a usar esta herramienta para una evangelización «nueva en sus métodos, y en su ardor».

Daniel Poli
Adriana Bourgeois
Músico
Organización Eventos

 

 
 
 
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