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| Título | Intérprete | Autor | Litúrgica | Herramientas | Letra | |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Amigos en Jesús | Misioneras Diocesanas | L M. Mazzini M H. Blanco | Y es pro---o---pio del que am---a el calla---rse y mirar, son miradas silenciosas que aman, ya no es necesario hablar. Tus ojos dejan ver el corazón, como ventana puedo ver lo que hay en vos. Y así el silencio, amigo, no nos aburrirá, y en tus ojos leeré la verdad. Y es propio del que ama el callarse y mirar, son miradas silenciosas que aman, ya no es necesario hablar. Mi vida yo daré junto con mi amor. Lo hizo Jesús por mí, yo lo haré por vos. Como el grano de trigo para crecer tendremos que morir para nacer. Y es propio del que ama el callarse y mirar, son miradas silenciosas que aman, ya no es necesario hablar. | ||
| 2 | De quién es esa voz | Misioneras Diocesanas | L F. Bernárdez M H. Blanco | ¿De quién es esa voz que va conmigo por el desierto de la noche oscura? ¿De quién es esa voz que me asegura la certidumbre de lo que persigo? ¿De quién es esa voz que no consigo reconocer en la tiniebla impura? ¿De quién es esa voz cuya dulzura me recuerda la voz del pan de trigo? ¿De quién es esa voz que me serena? ¿De quién es esa voz que me levanta? ¿De quién es esa voz que me enajena? ¿De quién es esa voz que cuando canta, de quién es esa voz que cuando suena, me anuda el corazón y la garganta? | ||
| 3 | Espérame también | Misioneras Diocesanas | L P. Casaldáliga M H. Blanco | Porque lo espero a Él, y porque espero que, al encontrarlo, todos nos veamos restablecidos por el sol primero y el corazón seguro de que amamos; porque no acepto esa mirada fría y creo en el rescoldo que ella esconde; porque tu soledad también es mía; y todo yo soy una herida, donde alguna sangre mana; y donde espera un muerto, yo reclamo primavera. porque aprendí a esperar a contramano de tanta decepción: te juro, hermano, que espero tanto verlo como verte. | ||
| 4 | La Fe | Misioneras Diocesanas | L F. Bernárdez M H. Blanco | Intro: Por lo desconocida y por lo bella, Por lo profunda y por lo desolada, Esta noche, Señor, es como aquella Que te sirvió de cuna y de posada. Esta dulce mirada de doncella Con que mira la noche abandonada Es la mirada de la misma estrella Que presenció en silencio tu llegada. Este dolor es el dolor del hombre Que a pesar de sufrir tuvo confianza Estos ojos, Señor, son como aquellos ojos que no perdieron la esperanza. Vuelve Señor otra vez | ||
| 5 | Los yuyos de mi tierra | Misioneras Diocesanas | L M. Menapace M H. Blanco | Achicate hermano, no busqués la loma, andá por los bajos, pisá el trebolar. No temas el charco que el agua es playita, y el barro del campo no sabe ensuciar. Si querés altura mirá las estrellas, donde anida el rumbo que conduce a Dios. No niegues tu rostro al ala del viento, ni cubras tu frente por no ver el sol. No vendas distancias por comprar sosiego, no dejes taperas después de acampar. Tené fe en la huella, buscá el horizonte. De seguro un día lo habrás de alcanzar. Florecé a los vientos como lo hace el cardo que, llegado a seco, libera el pompón. No apures la historia, no arríes tus banderas. Confiá en tus hermanos, como ellos en vos. Vení, matearemos despacito juntos. Me hablarás de lucha, te hablaré de fe, y al final del día nos daremos cuenta de que en igual senda andamos tal vez. Cuando el sol se vaya y la tarde caiga, se abrirán los ojos al partir el pan. Y entonces sabremos que por el camino nos venía arreando el Dios de la paz. | ||
| 6 | Mi fuerza y mi fracaso | Misioneras Diocesanas | L P. Casaldáliga M H. Blanco | Mi fuerza y mi fracaso, eres tú. Mi herencia y pobreza, eres tú. Tú, mi justicia, Jesús, mi guerra y mi paz, mi libre libertad. Tú, mi justicia, Jesús, mi guerra y mi paz, mi libre libertad. Mi muerte y mi vida, tú. Palabras de mis gritos, silencio de mi espera, testigo de mi sueños, cruz de mi cruz, tú. Perdón de mis pecados, tu juez de mi pobre llanto, razón de mi esperanza, mi tierra prometida, tú… Jesús. | ||
| 7 | Morir en septiembre | Misioneras Diocesanas | L M. Menapace M H. Blanco | Buscando una huella me largué a los rumbos y anduve caminos amando el tierral. La huella se alarga, la meta no llega, la estrella me invita a seguir nomás. Amé los caminos que creía míos hoy veo que aquellos son sólo de Dios. Voy dejando amigos que toman desvíos, misterios distintos del que tengo yo. Todo lo que vive hacia allá camina, sigue el mismo rumbo que camino yo. Un día el encuentro volverá a reunirme con los que he dejado por buscar a Dios. Morir en septiembre cuando todo estalla blanquea el ciruelo despertando en flor, cuando el duraznero se viste de nuevo y todo renace a mi alrededor. Dejar el invierno como algo pasado al que no se vuelve para nostalgiar, meterse en la vida, brotar en la tierra, y con ella irse para el más allá. Si busco la vida no hay otro camino, es duro morirse pero hay que morir. Sangrando en la huella me voy sur adentro, no puedo negarte de nuevo mi sí. | ||
| 8 | Tarde te amé | Misioneras Diocesanas | L S. Agustín M H. Blanco | Tarde te amé, hermosura tan antigua Y tan nueva, tarde te amé. Tú estabas dentro de mí y yo fuera, me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por Ti. Pero gritaste y alejaste mi sordera, me diste luz y borraste mi ceguera, me abracé a Ti. Exhalaste tu perfume en mi pobreza, me alegraste y despertaste en mi vida deseos por Ti. |
